domingo, 12 de enero de 2014

POEMA INCOMPLETO.



                            I

Tal vez mañana consiga acabar este poema,
Tal vez encuentre palabras para hacerlo.
¿Quien sabe?
Tal vez mañana,
¡Siempre hay un mañana!

                             II

Tal vez mañana comencemos a dar valor a esas pequeñas cosas,
Tal vez mañana las cosas pierdan su valor,
¿Quien sabe?
Tal vez mañana,
¡Siempre hay un mañana!

Tal vez mañana descubramos a nuestro lado alguien que nos importe,
Tal vez mañana quien nos importaba ya no esté a nuestro lado.
¿Quien sabe?
Tal vez mañana,
¡Siempre hay un mañana!

Tal vez mañana pueda soportar las ausencias sin lágrimas.
Tal vez mañana sus recuerdos sean causa de mi alegría.
¡Quien sabe!,
Tal vez mañana,
¡Siempre hay un mañana!

                             III

Tal vez mañana sepamos el verdadero valor de los palabras,
Tal vez mañana, amor, amistad, felicidad, dejen de tener valor.
¿Quien sabe?
Tal vez mañana.
¡Siempre hay un mañana!

Tal vez mañana echemos de menos las palabras.
Tal vez mañana lloremos nuestros silencios.
¿Quien sabe?
Tal vez mañana.
¡Siempre hay un mañana!

Tal vez mañana seamos conscientes de todo esto,
Tal vez mañana nos avergüence no haber puesto remedio.
¿Quien sabe?
Tal vez mañana.
Siempre hay un mañana.

                           IV

Tal vez mañana sea todo mi futuro.
Tal vez mañana sea todo mi presente.
¿Quien sabe?
Tal vez mañana.
¿Siempre hay un mañana?

Tal vez mañana le robe unos años a la muerte.
Tal vez mañana; me conceda unas horas la vida.
¡Quien sabe!
¡Tal vez mañana!;
No haya más mañana.

jueves, 17 de octubre de 2013

RELOJ NO MARQUES LAS HORAS.


Siento que cada vez la vida me parece mas bella y estoy aprendiendo a ver esos pequeños detalles que se me escapan de entre las manos como lo hace el tiempo.
Un tiempo que no se detiene por mas que le suplicas.
He dejado mi cronometro dentro del cajón de la mesita. No ahora  no necesito prisas, ¿porque correr? ¿porque contar los segundos, los minutos, los días?
Me he puesto el viejo reloj del abuelo. Ese reloj de cuerda con el cristal arañado, que permanecía durmiendo. He puesto sus manecillas a las siete y veinticinco asemejando dos piernas dispuestas a echar a correr en cuanto se lo pida. Dos piernecillas que me recuerdan que el tiempo camina, que no se detiene por mas que le supliquemos.
Maldito tiempo que se escapa de entre las manos, como se le escapo la niñez a un Peter Pan mientras corteja a una Wendy, ya madura, que empieza a contar las canas en la cabeza de Peter mientras que acaricia su frente.
Que se pare el día en ese preciso momento en el  que el sol y la luna se miran fijamente bajo el firmamento... Buenas noches Sol... buenos días luna.
Si, la vida hoy me parece mas bella. Descubro matices que me hacen sentir mas vivo que ayer y, tal vez, menos que ese mañana a cuya estación no quiero llegar.
Matices en la sonrisa de un niño, el sollozo en los brazos de mamá.
En la mirada cristalina del viejo mulero fundida con un ayer que se le esfumó lentamente mezclado con el humo de su cigarro de tabaco verde.
En esa lagrima que resbala por la arrugada mejilla de ella arrastrando hasta el alma el  recuerdo del que se le ha ido dejándola acompañada de sus recuerdos en  medio de la soledad.
Los matices de un beso, un tímido beso, capaz de cambiar el mundo. Del abrazo que te recuerda una espera que al final se convierte en recompensa.
La felicidad soñada, que empezabas a sospechar no existía y cuando por fin  llega, tardía, temes que se disuelva con el azúcar de un café.
Olores... café de puchero, el varón Dandy de papá; la hierba recién segada, el mar estrellándose una y otra vez contra las olas como un adolescente buscando sexo. La colonia de mis bebés y el perfume de mi amada que me seduce sobre la almohada cada noche.
Sabores... El primer café de la mañana, el pan recién hecho, aquella manzana robada en mi niñez, el tabaco de pipa de mi padre, el oleo de sus cuadros… y también mi primer beso.
Sonidos... aquella canción que tatareaba mi madre mientras planchaba, las llaves de mi padre abriendo la puerta al volver del trabajo , “Bohemios” en el tocadiscos del salón, la llamada telefónica que recibes en la cama para desearte las buenas noches.
Una radio acompañando, con radionovelas, el bollo con aceite de aquel niño durante su merienda. Un programa: "simplemente María". Una radio en las noches de insomnio acompañando la madrugada; un sueño hecho realidad y tu voz en el aire cómplice de las noches tristes de tus oyentes.
Una radio que ya no suena igual. Hoy se recrea con noticias sacadas de la redacción  ayer que se repetirán al día siguiente como si saliesen de un carrusel de feria mientras alguien le de a la manivela.
No, ya no suenan esas voces compañeras de mis noches, la radio también duerme, arropada por las miserias de vidas ajenas en TV. Noches de lobos…
Matices de una vida con banda sonora original.
Cantaría si las lagrimas no ahogasen mis acordes. Mis cuerdas convocan mis lagrimales y los silencios han invadido el pentagrama.
La clave de sol se ha nublado...

Si la vida es mucho mas bella que ayer... lo estoy descubriendo a destiempo.
Maldito tiempo que se escapa de entre las manos. Reloj... ¡no marques las horas!.

sábado, 13 de julio de 2013

CAFÉ DE PUCHERO


El aroma del café me ha despertado esta mañana. Aún con los ojos cerrados ha regresado a mi memoria aquel olor tan peculiar que llegaba desde la cocina en mi niñez. Es el olor que me recuerda a mi madre. El aroma a café de puchero con esa mezcla tan peculiar del café natural con el torrefacto para dar un toque de color.
Aun chirría aquel viejo molinillo de madera y manivela, con su canjoncillo abajo para recoger la molienda.
El aroma del café se entremezclaba con el olor al carbón de la cocina. Una cocina de hierro con sus fogones formados por aros que se quitaban y ponían en función del tamaño de la olla o de la vieja cafetera, desconchada, de porcelana.

Mi padre admirando sus canarios
Si tuviese que definir un olor para el recuerdo de mi padre, este seria sin duda el fuerte aroma de Varon Dandy, su colonia. Su desviación de tabique nasal le hacia im
pregnarse fuertemente de esta colonia; tanto que el olor inundaba el pasillo de aquel piso de tres habitaciones en una quinta planta sin ascensor.
Pero creo que no; aún hay un olor mas persistente en mi memoria para definir a mi padre. Es el olor del aguarrás y la pintura al óleo en aquel cuartillo que utilizaba para plasmar su afición a la pintura.
Nunca lo vi con su caballete frente al mar, frente a un hórreo, siempre decía que en Asturias ningún día tenia la luz del día anterior; pero a su manera siempre daba un toque personal a las laminas y fotografías que hacia para después pintar cómodamente en casa. Muy pocas fueron las exposiciones que realizó en su vida; pero son muchos los cuadros que regaló a sus amigos y familia. Incluso yo he descolgado de sus paredes algún que otro cuadro para decorar mi casa.

Los olores de mi niñez en tierras del norte inundan hoy mis recuerdos. Olor a hierba recién segada en mi Asturias natal. Aldeanos a pleno sol con guadaña en mano y horquilla preparada para amontonar la hierba en la vara para que comiese en invierno el ganado. Ahora la cosa es distinta las maquinas segadoras embalan en plástico la hierba al mismo tiempo la hierba en pequeñas porciones para preservarlas de las inclemencias del tiempo; pero el olor sigue siendo el mismo en aquellos prados junto al mar, junto a los acantilados que reciben con firmeza las olas de un mar embravecido, mientras que salpica ese olor a sal.


Por suerte deje de fumar. Ya era hora después de tantos años diciéndolo. Y si me congratulo de haber tomado esta decisión es porque he recuperado mi olfato y me ha permitido reencontrarme con mis recuerdos.
Ahora he vuelto a recordar aquel olor a pan recién hecho. Aquel olor al horno de leña José, "el feo", como le conocían en el pueblo. El horno estaba justo al lado de la casa de mi tía Antonia. Era casi una liturgia, el levantarse cada mañana y mientras mi madre preparaba el café con leche, ir a buscar las tortas de aceite recién hechas, con su cobertura de azúcar, al horno.
Aún veo a Matilde al frente del despacho de pan, y a José con su camiseta de tirantes cargando aquel viejo Renault 6 para salir al reparto por los domicilios. Calle a calle, tocando el claxon, levantando el portón trasero, entregando el pan a sus clientes. El pan de "el feo" tenia mucha popularidad en Villanueva del Arzobispo.
Y sobre todos mis olores, aun destaca el olor a la colonia Nenuco, al potito de pescado, al reflujo sobre mi chaqueta... recuerdos de paternidad primeriza.
Son algunos de los olores de mi vida... memoria olfativa que regresa a mi.
Seguro que vendrán otros aromas en mi memoria, pero ya te lo contaré cuando fluyan.

lunes, 8 de julio de 2013

ESTACION OLVIDO

Primero fueron otros quienes poco a poco con nocturnidad y alevosía fueron suprimiendo servicios; ahora es el gobierno del PP quien quiere suprimir los trenes de medio recorrido. Poco a poco irán partiendo hasta la estación Recuerdo, antes de quedar en una vía muerta de la estación Olvido.
Y es precisamente ahora antes de que se quede parado en su última estación; cuando quiero echar la vista atrás  y rendir homenaje al tren.

El tren, ha estado presente en poemas, canciones, películas, etc.  Unas veces se ha utilizado como símbolo de libertad y rebeldía, otras como metáfora del amor y relaciones personales; ¿Cuantas veces nos hemos referido a una situación  laboral o personal como "el ultimo tren"? En otras ocasiones el tren ha sido símbolo de huida hacia adelante; vagabundos en viejos vagones, viandantes de estación en estación.

De una forma u de otra el tren siempre ha formado parte de nuestras vidas; directa o indirectamente siempre ha estado ahí.

Si hoy quiero rendir homenaje a los trenes de Victor Manuel.
A ese viejo tren de madera...

"Cuántas ilusiones lleva a la ciudad
ese tren tan viejo que no puede andar.
ese tren tan viejo que no puede andar.

Viaja un cura gordo y un guardia civil,
hay un túnel largo que no tiene fin,
una brava moza quiere prosperar,
buscará trabajo en la gran ciudad"



o al run run del tren de chapa, símbolo del progreso y la industrialización de nuestro Pais...

"Por el camino de Mieres
ya no me despierta al alba
el run run del tren de chapa,
la sirena de la fábrica.
No dejaron ni migajas
de los años de abundancia."

Atrás quedan los años en los que anunciaban su entrada por los andenes principales de la estación. Años en los que su nombre se pronunciaba con orgullo por los altavoces del anden: Tren expreso con destino a...
Antes todo iba mas despacio, aquellos viejos trenes a los que, entre el cariño y el desprecio, apodaron "borregueros", salían siempre de noche, rumbo a cualquier lugar, a cualquier estación, mientras que  se alejaban despacio de las estaciones.

Poco a poco, daba tiempo a clavar los ojos en las ventanillas y ver,  lentamente, todo aquello que se dejaba atrás, todo iba despacio; los recuerdos; las lagrimas...
Después en la penumbra de un compartimento con puertas corredera, asiento recto tapizado en plástico, frente a frente con los compañeros de viaje y con las maletas sobre nuestras cabezas; iniciábamos nuestro viaje.
En el mejor de los casos podíamos conciliar el sueño, sino siempre quedaba el recurso de  iniciar una conversación y en el peor de los casos salíamos al pasillo acompañados solamente por nuestra tristeza, dejando perdida nuestra mirada sobre el horizonte, esperando la luz de otra estación, en otro anden donde compartir con un gesto de complicidad las alegrías o tristezas de personas desconocidas; dependiendo si se tratase de recibimientos o despedidas.
Y poco a poco, con la lentitud que le caracterizaba, el tren dejaba atrás la noche; las luces de las estaciones iban dejando paso al alba; y con ella llegaba la estación destino.

"Le chemin de fer", el camino de hierro, como le llaman los franceses. Un camino hacia un lugar en la mayoría de ocasiones conocido y en otras hacia una estación con transbordo a una nueva vida.
Aquel viejo tren ha transportado las ilusiones de miles de españoles en su viaje en busca de "el dorado europeo". Hoy nuestro hijos también buscan ese "dorado" pero viajan en avión. Es la sociedad de la información, de los idiomas, de las prisas, del mañana es tarde.

Aquellos viejos trenes sin prisa, ahora compiten con otros medios haber quien llega antes. Ya nadie les llama por su nombre, TREN. Es antiguo, es arcaico, han perdido su nombre y solo conservan su apellido. Ahora se les llama AVE, ALTARIA, TALGO, etc.  Pero el fondo siguen por "le chemin de fer".

No, ya no quedan trenes. Les hemos sustituido por coches, autobuses, aviones... por rentabilidad y tiempo.
Ya casi nadie se acuerda de aquellos trenes a los que llamaban "correo" y transportaban lo que su nombre indicaba... Historias, mil historias distintas, extraídas del corazón de las personas. Pero ya no quedan trenes, ni quedan cartas. Ahora solo quedan AVE y Email, wassap, etc.

En el año 1986 por la estación Linares Baeza (Jaén) pasaban alrededor de cien trenes diarios entre mercancías y viajeros. Ahora las pocas lineas de viajeros que permanecen en activo duermen cada día bajo la amenaza de su desaparición. Los servicios de largo recorrido hace tiempo que comenzaron a perderse; ahora es el turno de los demás.


No, no quedan trenes, los pocos que quedan ya no paran en la estación, ni siquiera pasan. Poco a poco irán  pasando de la Estación Recuerdo a la Estación del Olvido y como en la canción de J.L. Perales:


"Ya llegó el último viaje para el viejo tren
Y abandonado
Duerme su vejez y llora sus desengaños
En un andén.
Le ven llorar."